reanimando a los muertos
Me encontré este artículo en Genciencia. Excrita por Christopher Boone

La historia de la electricidad está llena de grandes descubrimientos que hacen que la vida sea hoy mucho más sencilla. Pero a su vez, para llegar a estos avances, se ha pasado por muchas prácticas que destacan por su extravagancia.
Este es el caso de los estudios de Giovanni Aldini y Andrew Ure, que dedicaron parte de sus vidas a un mismo objetivo: reanimar los cadáveres de personas y animales mediante el uso de la electricidad.
Aldini (1762-1834) viajó por toda Europa realizando espectáculos donde demostraba el efecto de electrificar los cuerpos de animales y personas. Su actuación más significativa la realizó en el Royal College of Surgeons de Londres, con el cadáver de un ahorcado llamado George Forster.
Mediante dos varas conductoras conectadas a una batería, se dedicó a tocar distintas partes del cuerpo, con lo que el cuerpo empezó a reaccionar de forma visible. Al conectarlas en boca y oreja, la mandíbula empezó a temblar, los músculos cercanos se desfiguraron, y el ojo izquierdo se abrió.
Los resultados no fueron mucho más agradables cuando una de las varillas tocó el recto del cadáver. En ese momento, todo el cuerpo empezó a convulsionarse, y como recogieron los diarios de la época, muchos espectadores creyeron que el cuerpo había vuelto a la vida.
Pero Aldini nunca dijo que se pudiera esperar semejante efecto con la electricidad. Defendió que el galvanismo se cumplía en los sistemas nervioso y muscular, pero que no se podía hacer nada con el corazón.

Y precisamente en los experimentos de Aldini se inspiró otro científico llamado Andrew Ure (1778-1857). En 1818, durante una demostración en Glasgow utilizó el cuerpo de un musculoso hombre de unos 30 años, y de nuevo los resultados causaron estragos.
Al colocar una vara en el talón, la pierna se estiró tan violentamente que casi hace caer a uno de los asistentes que intentaba evitar su extensión. Al llevar las varillas al nervio frénico izquierdo y el diafragma, de repente pareció que el cadáver estaba respirando.
Por último, al conectar la vara a la frente y al talón, extrañas muecas aparecieron en la cara del muerto. Ira, terror, angustia y horrendas sonrisas hicieron que el público asistente decidiera marcharse, ya fuera por miedo o por náuseas.
Espectáculos curiosos, sin duda.
Fuente: Genciencia









